Tiendo mi mano al buen combate
Tiendo mi mano al buen combate, no con espadas, sino con juegos limpios bajo un cielo de sierra o entre viñas en flor. Ven, que hay lugar en la ronda del mate, en la caminata que sube cantando y en la finca que cruje con pasos alegres. Hoy el ocio no duerme, despierta contigo: con la cuerda que salta, con el arco que apunta, con la risa en la cara y el alma en lo alto. No se pierde el tiempo cuando se entrega, cuando el cuerpo se cansa y el corazón se enciende al ver en el otro un hermano que juega. Así, entre laderas, fogones y rezos, el ocio se vuelve trinchera sagrada: donde Dios se entretiene sembrando alegría en manos tendidas, en almas que arden, en jóvenes libres de toda mentira. 19.01.25 Mari Santos