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Mostrando entradas de octubre, 2021

Madres infinitas

Mil madres son las que Dios proyectó en bruto brindando colores y amores a este mundo, dando sonrisas generosas y manos laboriosas a más de una causa amorosa. A todas Dios las ha pensado de manera especial y particular, con su chispita de amor incondicional con sus dones y su cariño acumulado. Una ha de ser quien nos cuidó, esa que nos amamantó, esa quien siempre nos sonrió a pesar de las veces que nos retó. Una ha de ser muy especial: aquella Mamá del Cielo, con su corazón puro y de inmaculados cabellos, con sus delicadas manos que todo lo hacen bello y con esos ojos que gritan el más grande "te quiero". Madre es una palabra inmensa e intensa que a muchas mujeres perfectamente  les queda , mientras a otras les falta esmero para calificar y a otras, les ha quedado pequeña por su calidad. Madres que cocinan, que planchan, que limpian, eso no es ser madre: eso es servicio. Ser mamá viene aparejado con los mimos y el cariño, con dar lo mejor a los hijos y también, con el educar,...

Mi canción

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Mi canción es una hermosa locura que a veces porta armonía  y por momentos se nubla, aun así, siempre escribe mi vida. Mi canción lleva a Dios siempre en toda línea,  lleva cual aire al gorrión y sus amores de entrelíneas. La armonía de mi canción no es perfecta no es corta ni tampoco eterna. Mi canción es lenta y en sintonía con mi vida: se enreda más de la cuenta. Me tropiezo y caigo al vacío pero tengo una valiosa oportunidad de volver al ruedo a participar, y aprovechar este aprendizaje mío. En mi canción no siempre estoy presente, ni de ella suelo ser protagonista ni creo que alguna vez me interese, mas solo la hermosura de su sintonía. Es en estos versos que suelen temblar los dedos, donde quedan innumerables experiencias, las primeras impresiones y algunos besos, las idas y venidas y un par de ausencias. En mi canción se repite ese convencional estribillo, las estrofas me cuentan una historia en mis lugares mágicos, donde mi vida es de cuentos de hadas y mil brillos, y ...

Crónicas de una amistad

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CAPÍTULO I Fue en la plenitud de los 13 años cuando lo descubrí, tan dentro suyo por la timidez, tan inocente, tan risueño con sus amigos, tan alegre como ninguno, tan vivaz y simpático, tan bueno. Un año antes se había cambiado a mi colegio, pero solo fue uno más en aquel entonces. Nos conocimos mejor con el pasar de los años, con las actividades compartidas, con los amigos en común. Fue años más tarde que él cambió mi vida. Por aquellos años la escuela estaba bien, no me quejaba excepto cuando me llevaba las materias a fin de año y renegaba de rendir con muchísimo calor y transpirar con el uniforme en pleno verano. Los profesores eran variados, como en cualquier colegio, aunque la mayoría eran decentes y de muy buen nivel. El año duro fue séptimo cuando sufrimos el cambio del nivel primario al secundario, cambio de horarios, pasar de poquitos maestros a más de cinco profesores, cada cual en su área. Fue ese año en que tuvimos siete compañeros nuevos, entre ellos, mi nuevo amigo. En p...