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Los zapatos que se rompieron de tanto bailar

Érase una vez un rey que tenía doce hijas, cual más hermosa. Dormían todas juntas en una misma sala, con las camas alineadas, y por la noche a la hora de acostarse, el rey cerraba la puerta con llave y echaba cerrojo. Mas por la mañana, al abrir de nuevo el aposento, advertía que todos los zapatos estabas estropeados de tanto bailar, sin que nadie pudiese poner en claro el misterio. Al fin, el rey mandó pregonar que quién descubriese dónde iban a bailar sus hijas por la noche podría elegir a una por esposa, y a la muerte del monarca heredaría el trono; pero con la condición de que quien se ofreciese perdería la vida si al cabo de tres días con sus noches no hubiese esclarecido el caso. Al poco tiempo se presentó un príncipe, que se declaró dispuesto a intentar la empresa. Fue bien recibido, y al llegar la noche se lo condujo a una habitación contigua al dormitorio de las princesas. Le pusieron allí una cama. Él debía averiguar adónde se iban ellas a bailar; para que no pudiesen hacerlo...

Todos los perros van al Cielo

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  Capítulo 1. Ulises es un perro muy negro y un poco viejo, ya le cuesta un poco respirar y también caminar. Se le han gastado las patas de tanto andar, correr autos y a otros perros. Le gusta estar con su amigo Baymax y con él a la tarde jugar. Son los dos labradores, de pelo muy suave y lacio, uno negro y el otro rubio. Son perros muy amigables, juguetones y simpáticos con las personas. Una anciana apodada Ñata es la dueña de Ulises desde que es muy pequeño. Lo acaricia cuando pasa, le cocina siempre que puede, lo alimenta todos los días, y cuando hay fuegos artificiales lo deja entrar a la casa porque tiene mucho terror a esos ruidos. Y es imposible sacarlo, todos lo han intentado pero parece muy pesado y de cemento pegado al suelo. Solo hay que esperar a que él quiera salir de la casa. No hay otra forma de que salga. La dueña de Ulises tiene un nieto llamado Simón. Cuando él nació, Ulises ya estaba en la casa, desde mucho antes. Lo vio crecer, caminar, le chupó los dedos y ...