Madres infinitas

Mil madres son las que Dios proyectó en bruto
brindando colores y amores a este mundo,
dando sonrisas generosas y manos
laboriosas a más de una causa amorosa.

A todas Dios las ha pensado
de manera especial y particular,
con su chispita de amor incondicional
con sus dones y su cariño acumulado.

Una ha de ser quien nos cuidó,
esa que nos amamantó,
esa quien siempre nos sonrió
a pesar de las veces que nos retó.

Una ha de ser muy especial: aquella Mamá del Cielo,
con su corazón puro y de inmaculados cabellos,
con sus delicadas manos que todo lo hacen bello
y con esos ojos que gritan el más grande "te quiero".

Madre es una palabra inmensa e intensa
que a muchas mujeres perfectamente les queda,
mientras a otras les falta esmero para calificar
y a otras, les ha quedado pequeña por su calidad.

Madres que cocinan, que planchan, que limpian,
eso no es ser madre: eso es servicio.
Ser mamá viene aparejado con los mimos y el cariño,
con dar lo mejor a los hijos y también, con el educar,
con levantarlos del tropiezo en el suelo,
con enseñarles cómo llegar al Cielo.

"Mamá" dicen los pequeños
al comenzar a hablar.
"Mamá" dicen los niños
al comenzar a llorar.
"Mamá" dicen los jóvenes
en sus mal de amores.
"Mamá", dicen con lágrimas los adultos
con miedo al despojo de este mundo
"siempre serás mi mamá
por toda la eternidad y más".

"Mamá, no me dejes solo en este mundo
porque tengo miedo y voy sin rumbo,
porque no sé andar sin tus manos 
ni amar incondicionalmente sin tus consejos sabios"

(17.10.21)

Mari Santos

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Qué belleza esta poesía! Para las mamás siempre lo mejor y más

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