Cada madrugada
Venías a paso lento y de algodón A besarme la frente o la mejilla Cuando me hallaba en sueños, Yo me hacía la dormida Mientras sobre mi piel te sentía Y te posabas; amada me veía. Cada madrugada sin falta allí estabas, Al pie de mi cama viéndome dormir, Velando mi descanso Rogando a Dios mi bienestar, Dejando tus angelitos conmigo Y a la Virgencita dando pedidos. Cada madrugada en ti y por ti: Soñé y me desvelé, Te interpreté y me iluminé. En ti cual espejo me reflejé, Siempre mis gracias te diré Porque por ti hoy volé. Gracias, papá. 27.04.23 Mari Santos