♥ Nuevas compañías ♥
A mis nuevas amistades en Cristo y María - Macarena y Guadalupe -
♥ Constantemente nos vemos envueltos en conversaciones con personas nuevas y cuando esto ocurre nos enfrentamos con los nervios, la incomodidad, la ansiedad, la curiosidad, hasta la antipatía y aspereza, y demás emociones que los nuevos diálogos y miradas conllevan y que en más de una ocasión son hasta, incluso, sentires difíciles de identificar.
Es extraño el sentimiento por las nuevas compañías, el no distinguirlo a veces nos inquieta pero a menudo nos sacia de esas sensaciones que las compañías añejas ya no tienen y con el tiempo, lamentablemente se perdieron.
En la aproximación de esta persona uno se ansía y quiere profundizar en diálogos, entablar una relación más estable y hallarse en conexión. Es extraño nuestro sentir con las personas que causan tanto, que nos impactan de manera abrupta y nos generan un enorme placer en la simple compañía sin importar el tiempo y el espacio.
¡Qué hermosas son las nuevas compañías! Uno las espera con verdaderas ganas, mirando impaciente el calendario y marcando reuniones y meriendas como niños los cumpleaños. Uno quiere conversar de todo y al mismo tiempo se retrae en la timidez y el no conocer nos da miedo otra vez.
- ¡Te quiero conocer! - Me digo fuerte para mí -Creo que eres alguien que vale la pena tener en mi vida, que sumarás más de lo que es posible que restes.
Más allá del tiempo que ha transcurrido, nos han quedado las claras y valiosas palabras del escritor Antoine de Saint-Exupery:
"Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame! —¿Qué debo hacer? —preguntó el Principito.—Debes tener mucha paciencia —respondió el zorro—. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca… El Principito volvió al día siguiente.
—Hubiera sido mejor —dijo el zorro— que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón… Los ritos son necesarios."
Esperando el momento del encuentro sabremos ser más felices en esa amistad gestante. ¡qué hermosas son las nuevas compañías! pero cabe aclarar que, también es un ingrediente para mantener la frescura en las amistades que saben florecer durante la vida y a nuestro paso, en nuestras peores crisis y las mayores satisfacciones, en todas las subidas y bajadas. ¡Hagámonos firmes compañeros de los ritos de amistad! Seamos cómplices del tiempo y amigos de la puntualidad, para poder así, cumplir el rito y satisfacer en nosotros mismos y en el próximo, el gozo y la dicha de la amistad.
Personalmente aún apuesto a las personas pensando lo mejor de cada uno, intentando creer en la bondad, dando por hecho que todos somos buenos, pero... el mundo ya no conserva su pureza e ingenuidad, más de una vez el mundo nos derriba con su crueldad y cuesta levantarse. Pero más allá de eso, Dios me da fuerza por continuar arriesgando por conocer a otros y profundizar en las relaciones que ya poseo.
Pero ocurre lo hermoso del encuentro en las nuevas frecuencias: en el envión de la nueva charla nos deslizamos por un tobogán de diversión con variados temas y sugerencias, con burlas sutiles y risas de a miles que se escapan sin preguntar. ¡Qué hermosas son las nuevas compañías! Con las que uno se emociona viendo el principio y desconociendo el final.
En el trajín de risas y seriedad, las palabras que salen en avalancha y otras que necesitan del tirabuzón, diría el profe. Cuesta soltarse pero con la buena voluntad todo marcha. Y el encuentro como es inevitable, llega a su final: la excitación llega a la cúspide y las risas resuenan aún más fuerte cuando por impulso propio tratamos de bajar a nuestra normalidad y ser decentes, otra vez. Todo lo experimentado cruza por nuestra mente y evitamos irnos de ese momento feliz, no queremos por un segundo irnos de ahí ni alejarnos de aquel. He aquí que uno se inspira para afrontar la vida y se siente tan lleno y completo, fuerte como superhéroe, capaz de atravesar un muro y parar balas de fuego. Es aquí donde uno es pleno y siente el sabor más bello de la amistad, donde se ríe sin motivos y las miradas (algunas vergonzosas por posarse en otros ojos) más puras brotan y escudriñan lo más sincero y profundo. Ahí uno se halla consigo mismo, en su mejor versión y en su mayor debilidad de humanidad. En el lugar indicado, uno aprende a saberse querido, esperado y con el tiempo, hasta amado.
Y caminando de regreso a casa, la euforia disminuye y el espíritu se enfrenta a los anhelos de la próxima cita. Ahora es cuando, ineludiblemente las sonrisas se expresan y se dibujan en el rostro sin permiso alguno, aunque sean para nosotros mismos, y se pinta todo de estrellas en un cielo que tal vez traíamos nublado. Es inevitable y extremadamente hermoso sentir, sin duda.
Y concluyo con mi convicción más fiel, que teniendo a Dios como barajador confío en que tendré esta amistad la cantidad de días que Él disponga, sin poderlos jamás contar. Dios nos quiera y encuentre juntos, en las buenas y en las malas, en las tormentas y en los soles.

Comentarios
Publicar un comentario