Un poquito de Cenicienta.

Todas las mujeres tenemos un poquito de Cenicienta: nos sentimos menos de lo que somos porque nos lo dicen todo el tiempo con miradas, con feas palabras, con prejuicios, pero dentro somos seguras de nosotras, respetuosas, valientes, necesitamos de lo maravilloso para arriesgarnos a hacer aquello que no debemos, enfrentar a lo que tememos, admirarnos de nuestra belleza natural. Necesitamos del modelo de una Cenicienta para que guíe nuestros pasos y para superar los obstáculos diferentes que surjan.

Siempre hay un príncipe que llama nuestra atención y otra mujer que también lo tiene en su mira, que lo quiere para sí, entonces nos encontramos con alguna competencia. Si no es una mujer que busca a dicho príncipe como esposo, es su madre que lo acapara con toda su protección.

El hada madrina ¿Qué hay con ella? Siempre existe. En alguna amiga que hace hasta lo imposible por conceder nuestros deseos, o en nuestra madre. Puede ser incluso algún amigo, que nos entienda a la perfección. Esos chicos existen, pero no hay que llamarlos “hada madrina”. Cada una sabe dónde está su “hada madrina”, quién le concede y consiente sus deseos. Todas saben dónde está esa persona que les da más que deseos consentidos sino el amor desinteresado, ese cariño verdadero que sabe a azúcar.

El hermoso zapato de cristal… donde todas quieren que les quepa el pie. Es una belleza mágica y sin igual, que se amolda a la belleza de cada cenicienta, de cada mujer. Ninguna se queda sin zapatilla de cristal, cada una es bella a su manera y con su toque de singularidad. Es un zapato mágico que no tiene número ni molde, solo belleza y reconocimiento por su dueña.

Todas las mujeres somos Cenicienta.

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Mari Santos

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