"Había una vez" en mi cuento
Muchas personas han pronunciado en algún momento "Había una vez" y es 99% probable que aquellas narraciones hayan terminado en un "felices por siempre".
A diario uno experimenta inicios en diferentes situaciones y le cuesta divisar el final cuando es un viaje de felicidad, de alegrías, de amores. Un viaje en el cual, más allá del concepto que cada uno haya forjado, sigue siendo positivo, de crecimiento y uno decide seguir siendo parte de este.
En la vida, paralelamente tenemos muchos "había una vez" en diferentes esferas: la familia, los amigos, el trabajo y actividades diversas. En más de una ocasión, a más de una persona, le ocurre que esos círculos se entrelazan y suele ser hermoso, virtuoso. Asimismo los finales nos suelen engañar o la misma vida nos simula un final que a veces no es más que una pausa en el camino, más que un "hasta luego". Quizá nos autoconvencemos que no vamos a volver aquí, a ver a alguien, pero solo Dios nos depara eso que hoy desconocemos.
En los cientos de "había una vez" imaginables uno es quien decide cómo resultará desde temprano, desde su despertar y luego, en todo lo que hace. Y es en todos aquellos momentos en que uno decide cuánto aportar de sí para este cuento, para hacer del trajín diario un día más digno de recordar para amar, para sonreír, para poder dejar en el albúm de los recuerdos felices, para poder recurrir a este mismo en los días grises y así, poder reírnos nuevamente.
En más de una ocasión he percibido cómo mis círculos se unen, se difuminan los límites entre el ámbito laboral y se suele tornar familiar cuando los planetas y ánimos de los compañeros se alinean, cual estrellas de nuestro universo se ven en fila y se eclipsan, generando una belleza radiante.
Suele ser placentero trabajar en lugares así donde el comienzo y el desenlace de la realidad del cuento hace posible que las horas pasen como minutos y el aire sea ligero, que el humor predomine y las miradas brillen cuando las risas abundan. Es en esos lugares donde las paredes quedan impregnadas de diversos amores: de amistades y de compañerismos incomparables, de hermandades.
Mi memoria es una gran caja de recuerdos y entre todos los momentos capturados en mi "había una vez" y que guardo allí puedo visualizar tantas situaciones: explosivas, tranquilas, disparatadas, agraciadas, desorbitantes y desenfrenadas. Algunas miradas sencillas y otras conmovedoras; tantas conversaciones logro recordar, con lágrimas que se asomaron de tantas palabras incoherentes, de aquellos donaires y comentarios picantes (sobre algo grande, algo pequeño, algo que sobra, algo que falta... de cómo se dice, cómo lo digo, cómo...) y por allí se fueron las mentes mal-pensando, mal-interprentando lo que se puede mientras que las mentes inocentes se quedaban esperando que todo aquel bullicio pasara pero de momento se disfrutaba del sonido de la risa, de la voz, del silencio entre sorbo y sorbo de té. También fueron los abrazos de bienvenida, de "buenos días" y de "hasta mañana" que siguen prendidos en mi guardapolvo los que no se quitarán con facilidad. Tantas risas contagiosas he sentido, tantas sonrisas he respondido, tantas miradas silenciosas y confidentes han escudriñado el alma en los días más difíciles, tantas manos se han extendido bondadosas. Tantas han sido las ocasiones que sentí ruborizarme ante exorbitantes conversaciones que creí que nunca presenciaría... todos estos son momentos que se graban en un pedacito del alma. Y cómo no mencionar el inolvidable previo y el día de un acto que se ve el reloj girar hacia atrás, anulando cada minuto, cada hora que vale y se va sin más. Aquellos días festivos, las ocasiones de alegría, las caras de los niños que reflejan amor (una vez más) y confirman el sí hacia nuestra vocación. Así, infinitos detalles pueden nombrarse, en la mayoría de los casos alrededor de una simple mesa y con mucha comida, para las maestras que siempre tienen hambre (sigue siendo un misterio para mí, ¿dónde guardan tanta comida?). A fin de cuentas, la muchosidad que adoro de cada una.
Aquí congelados yacen los más bellos recuerdos expresados que surgen de compañeras, las cuales siempre están dispuestas a caminar de a dos (o de a siete), a perdonar, a criticar sin filtro, a sincerarse, a conversar con un café en mano, a hacerte sonreír luego de esa charla a puerta cerrada, a darte un buen momento para digerir un nudo en la garganta, a dar un poquito de sí y a estar dispuesta a salir al encuentro ante cualquier emergencia. ¡Esas son compañeras de verdad! Que aunque no todas sean amistades, están todas las acciones cargadas de amor, diferentes y vibrantes cariños pero como digo, todos de amores coloridos.
En fin, gracias a cada una de las personas que acompañaron mi "había una vez" he tenido un viaje hacia las estrellas, muy cálido a pesar de los grados bajo cero, he echado un vistazo a un pedacito de Cielo, he crecido gracias a las críticas, observaciones y sugerencias. Y citando las hermosas palabras de un gran escritor atribuyendo estos diálogos a la elocuente Alicia: "Sabía quién era esta mañana, pero he cambiado varias veces desde entonces"... Partiendo de esta frase hoy les puedo decir que soy otra gracias a ustedes, soy otra porque todo lo que aportaron a mí fecundó y así será también mañana.
A cada una de las personas con quienes quizá no di más que un "hola y hasta mañana" (si nuestros horarios no coinciden) les deseo feliz día.
A quienes me dieron su boleto de "había una vez" y aquí están, en mi historia: feliz día.
A aquellas que afrontan con amor y dedicación el día a día: feliz día.
A ustedes, que en cada obrar, en cada cosa que hacen ponen su alma por el BIEN MAYOR: feliz día.
Y es tal cual resuenan versos de una bella canción en mi mente y dice "no me dio tiempo a despedirme, aprendí ya con los años de lo que iba el cuento..." y odiando las despedidas que me ahogan las palabras pero que van inundadas de sentimientos, a quienes me conocen en lo reservada que soy y conocen un poquito de mi interior, les pauso este cuento en un "hasta luego" para verlas en un futuro si Dios me acompaña en esta decisión.
"Mi querida Alicia: en los jardines de la memoria, en el palacio de los sueños,
allí es donde tú y yo nos volveremos a ver"
Este escrito está dedicado a mis compañeras, en el día del amigo: Cristal, Valeria, Melisa, Paola, Magalí, Leticia, Cecilia, Janina, Janet y Mariana.
(18.07.22)
Mari Santos
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