Un día quizá llegues a la Luna...
Un día quizá llegues a la Luna, con tu propia escalera o con un poquito de ayuda. ¿Qué más da? Llegar es lo importante. En la vida siempre están presentes las colinas, siempre se necesita esfuerzo, si no es para esto, es para aquello otro. Si no sos amigo del esfuerzo, quédate tirado en el prado y no llegues a ningún lado. Es cuestión de elección personal. A mí me gusta por las noches ver el cielo estrellado, después de haber pasado el día entero caminando, intentando llegar a algún lado. Sea un valle, un bosque, una pradera, un monte o un lago. Pero esto ya sería demasiada imaginación. Acá solo puedo encontrar una calle sin gente, una alameda, grandes fincas cosechadas y otras tantas abandonadas, muchos pinches e insectos, muchísimas acequias e hijuelas y un río al final de la calle. ¿Qué dicen a esto? Es pura realidad… ya dejé la imaginación de lado. Todo eso está aquí, lo puedo ver por mi ventana.
La gente va hablando y cuchicheando, de todo un poco comentando. En las horas tempranas de sol se van escuchando los primeros autos. En todo hogar se madruga tempranito y empiezan los matecitos, para luego atender la finca o salir a trabajar, y los jóvenes a estudiar. Pues, sin nuestros esfuerzos todo se quedaría paralizado, a menos que pase una tormenta que lo destruya todo. La verdad está en que lo que no avanza, retrocede. Y la realidad aunque sea dura es que: debemos esforzarnos para avanzar, en todo. Aunque el hombre de hoy evada el esfuerzo, es lo necesario, junto con el sacrificio. Esforzarse, sacrificarse y avanzar. ¡Ánimos y adelante! Todo lo que uno se proponga puede darse, puede ocurrir. Siempre hay gente que tiene esas ganas extraordinarias de ayudar a un extraño. Quizá hoy seas un extraño y mañana, un gran amigo. Nadie ve el futuro en esta tierra. ¡A sacrificar!
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