Aún eres mi sufrimiento

De madrugada, pienso en ti y no te vas de mi mente. Al comenzar el día, vuelves a mí y nada te quita de aquí, ni siquiera el cappuccino para poder arrancar. Queda tu presencia estancada allí, en el café frío del fondo de la taza, vagando cual fantasma que no cumplió su propósito de amar y cuidar, que no sabe qué misión debe lograr para poder escapar. 

Cada día que regreso a ti se percibe indiferente, frío tornasolado en grises azules, oscuros, preocupados, limitados de amor. Ni una pizca de cariño generoso veo en tus manos ni en tu mirada, todo se siente condescendiente. Tu amor duele, de esta manera lastima y me es raro decir que sufro en tu extraño cariño. 

Siento. Me pregunto qué significa esto de los sentimientos. Te pienso y quiero correr a tus brazos, a decirte lo mucho que te aprecio, que te quiero y amo, lo inmenso que veo las distancias cuando no estás, lo eterno que se perciben las horas y los días cuando no nos frecuentamos. Te siento distante y parte es por la falta de tu tiempo para dedicarme. Dicen que por más ocupada que esté la agenda siempre hay tiempo para aquellos que nos importan, aquellos a quienes amamos. Veo extraña tu manera de amar, por eso es que todavía me lastima pero lo intento... todavía te sufro pero te quiero querer, quiero poder amarte como debería, como esta relación debería haber sido y ser. Sinceramente no soy de juzgar pero sí de criticar el actuar, de no comprender cómo es que ocurren algunas cosas que los hombres a veces causamos. ¿Cómo es que pasó? No puedo entenderlo, pero no me siento menos solamente siento la falta que me hacés después de tanto.

Siento que nunca es tarde para querer, pero duele que no sea lo que pretendemos, lo que anhelamos tener. Fui testigo de que Dios retribuye cuando uno pone en sus manos, que devuelve en generosidad, que obsequia hermosos tesoros de vida. Espero que llegues, que no te hagas rogar, que caigas en la cuenta de la falta que has hecho, que ese amor no se reemplaza con ninguno, que es un vacío que no se llena: que tus sonrisas y miradas deberían ser incondicionales y las más puras, que tus consejos deben ser los más sabios, que tu cielo, tu sol y la causa de tu felicidad deberían ser tus más preciados tesoros. A pesar de todo, continúas siendo mi sufrimiento, la espina en mi costado, mi talón de Aquiles, mi llaga abierta, mi lágrima al dormir, mi pensamiento al rezar. Pido que tu preocupación no te quite de mi lado jamás, que tu mente esté conmigo cuando nos reunamos a merendar, a almorzar o simplemente a pasar el rato.

Así y todo, tu felicidad es todo para mí y cuando te observo feliz sos capaz de robarme mil sonrisas y muchas miradas sinceras, el alma se me derrite, a pesar de todo... quiero darte todo, ser tu todo y que seas mi piedra angular, mi pilar fundamental.

Te extraño aunque estés cerca. Te quiero conmigo si estás lejos.
Te pienso más de lo que quiero. ¡Te quiero!

03-09-23
Mari Santos

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