No es una despedida
PARA NUESTROS QUERIDOS EGRESADOS:
Pequeños, no tan pequeños. ¡Gigantes
pequeños! Hoy, es un día para hablar de finales: es este el final de un largo
camino recorrido, lleno de personas que los acompañaron en cada momento, en
cada aventura, en cada travesura y en cada desafío. Compartieron alegrías y
tristezas con compañeros, amigos, docentes y con sus propias familias apoyando
cada uno de sus pasos. Pero también, hoy es un día para hablar de comienzos.
Hoy comienzan a transitar una nueva etapa: llena de aprendizajes y recuerdos
del camino que ya recorrieron que van a ayudarlos a enfrentar nuevos retos con
esperanzas y curiosidad por todo lo que vendrá.
Hoy es el día tan esperado por ustedes y
tan ajetreado y enloquecido para nosotros, pero en el cual todos compartimos el
mismo aire de felicidad. Las miradas que anuncian su alegría a flor de piel a
veces dejando caer una lágrima, esas sonrisas nerviosas que se les escapan a
varios de ustedes, incluso ahora mismo. Hoy están quietos los alumnos que
parece que tienen hormigas a diario. Hoy están callados los más charletas. Hoy
no comen chicle. ¡Este acto es un milagro! Chicos, ¡logramos lo imposible! Cada
uno sabrá…
El reloj ya nos dio suficiente. Seis años
pasaron ya desde ese día en que comenzaron a navegar juntos, de que sacaron
pasaje para abordar este barco de una Compañía muy reconocida, a la cual con
cariño le decimos IJME. Comenzaron a intentar y equivocarse en esta aventura
multicolor, donde cada uno de ustedes es diferente, a conocerse y aprender a
convivir codo a codo con sus compañeros como tripulantes.
Era todos los años en marzo cuando
distinguían un lejano horizonte, mucho por compartir, el año recién comenzaba,
el océano se veía azul celeste. Pero detengámonos acá. No todo es lo que parece
ni siempre de color rosa. El océano les enseñó: a aprender con sus compañeros,
a ser amigos, a jugar sin importar a qué, a ver lo hermoso del cielo, a creer
en el otro, a volar lejos, a ser felices con el agua de la lluvia, a ser
agradecidos cuando otro los acompañó en un dolor de cabeza. El océano los llevó
y navegaron junto con los vientos del IJME, guiados por las capitanas siempre
con la mano firme en el timón y la brújula en el Norte.
Los meses transcurrían, llegaba junio,
julio y agosto, ya los veíamos hartos de todo. Que me miró, que me dijo, que
dicen… Las tormentas se hicieron presentes: discusiones por las películas para
ver en las horas libres, si juegan a los penales, al fútbol, al volley… que esa
lapicera es mía, que no tiene nombre, pero sí una marquita por acá. Prestame
una hoja, después te la devuelvo, dijo alguien muchas veces. Callate que ya no
te aguanto. Y así podemos estar un par de horas. Pero ¿saben qué? Más allá de
las terribles tormentas, los tiburones y las olas inmensas que pueda haber en este
océano, les cuento que es magnífico el arcoíris que se hace presente luego.
Después de cada pelea hubo una reconciliación, el mejor arcoíris son ustedes y
lo que llevan dentro de su alma. Cuando dos de ustedes se peleaban había un
perdón, una sonrisa o un juego compartido luego. Hicieron su bandera y eso fue
un claro ejemplo de riña, diversión y alegría: muchos con las manos y caras
pintadas, remeras manchadas, pero al final ¡Tuvimos banderas! Hermosas banderas
que se izaron en su barco de navegación, flameantes con los vientos del océano,
que los anunciaban a ustedes, a los egresados aventurados en su último tramo
del viaje.
Los amaneceres y atardeceres que vieron
juntos fueron innumerables… pero ¡Tierra a la vista! Llegó noviembre y Tandil.
¿Qué pasó en esa tierra? El viaje fue oloroso, de eso ni hablar, olores humanos
y de comida, doritos y 3D a las 8 de la mañana… Y los profes ya empezábamos a
decir ¿en serio? ¡Qué estómago! Ni mencionemos los dolores de cabeza, golpes y
caídas, sangrados de nariz que atendimos, los medicamentos que dimos. Ustedes
ya saben que fue un hermosísimo viaje, hicieron actividades maravillosas con
nosotros. Por un lado, el parque aéreo, donde las dificultades y ganas de
superarse dependían de nosotros y de nuestra fuerza de querer continuar. Las
tirolesas y los puentes tibetanos, que se movían mucho, a algunos de ustedes
les permitió descubrir miedos que no sabían que tenían y fortalecerse de ellos.
El rappel nos dejó ver confianza en el compañero que tenía nuestra soga que, si
la soltaba y nos patinábamos, nos hacíamos figurita en la piedra. Bajo la
llovizna, hicimos canotaje y pesca, y en ambas actividades observamos la naturaleza
y la cuidamos. Por otro lado, los juegos nocturnos que nos trajeron más
lastimados por las caídas que ganadores en sí, más linternas para recargar,
necesitando mucho abrigo por ese frío que les quitó las tardes de pile. También
festejamos cumples, charlas con compañeros que no conocíamos tanto, reflexiones
con el Padre, aprendimos a servir, a esperar, a acompañar y a disfrutar. Ni queremos
mencionar los cuidados especiales a aquellas personas que osaban comer 9
medallones de pollo y después les dolía la panza; a quienes atravesaban los
charcos descalzos para ir al baño y después tenían tos. Miles de recuerdos
quedaron en ustedes luego de esta memorable vivencia.
Pero ya nos olvidábamos: escuchamos un
montón de juegos de palabras, en el micro y en las cabañas, y canciones
pegadizas que después de una semana todos seguíamos cantando. Pero ¿y la vaca? ¡Era
hermosa la vaca! ¿Cielo y pampa? Pampa y cielo me dijeron por ahí. ¿El pato y
la pata? Todos esos personajes vinieron en el micro de regreso y hoy son parte
de ustedes.
Volvieron a navegar y sin pestañear llegó
diciembre… ¿Ya cerraste las notas, profe? ¿Cuánto me pusiste en el boletín?
¿Desaprobé, no? ¿Qué te debo para aprobar? ¡Profe, te traje la carpeta! ¿Podemos
tener hora libre? Ya no vamos a hacer nada. ¿Para qué hago la tarea si ya
cerraste la nota? ¿Vemos una peli? Profe, profe, profe… Nosotros ya no
escuchamos más nada, las notas cerraron pero seguimos acá, por y para ustedes,
les enseñamos todo el tiempo, con o sin carpeta, en el aula y fuera de ella. Es
importantísimo remarcar que viven en una época difícil, en todos los sentidos,
muy diferente a la que a sus padres o a sus abuelos les tocó. En esta época donde todo es rápido y la información se obtiene
solo con un clic, deben aprender a ser selectivos y cuidadosos. Prepararse
académicamente es importante pero más lo es estar dispuesto a dar todo por
lograr sus objetivos, dependiendo de ustedes el éxito que consigan con
disciplina y esmero. Dicen que tropezón no es caída y sabemos que nada depende
de las notas que se saquen, que todo es mejorable. Por eso es que nos alegramos
cada vez que se superan a sí mismos, crecen y ayudan a sus pares y hoy,
expresamente los alentamos a que continúen y conquisten nuevas islas y tierras
vastas.
¡Pero esperen! ¡Una cosa más y termino!
Dijo una vez una profe cuando faltaban diez cosas más por decir. Hoy a la tarde
estábamos juntos en el barco, ustedes y nosotros, y antes de bajar al auditorio
miramos con atención el cielo. Un cielo inmenso y celeste, y en mi mente vi un
poste largo, de esos que tienen una escalerita para que una persona suba a la
parte más alta del barco… ¿cómo se llama ese cosito? Ustedes saben a cuál me
refiero, ¿no? Pero claro, es el carajo del barco y ahí, como siempre, había uno
de ustedes trepado con el catalejo en la mano. Ya queríamos bajar al
desobediente cuando divisó algo en el horizonte y dijo: ¡Capitana, tierra a la
vista!
Y es este viaje que comienza, dirigido por la
Compañía del IJME, la cual los orienta con sus Vientos a aquella tierra firme,
donde nosotros los dejamos seguir viaje porque consideramos que ya tienen
herramientas suficientes para continuar con más autonomía, más madurez, que
serán mejores cada día. Es allí donde los espera una civilización nueva,
tradiciones similares con horarios distintos y novedades de todos los colores.
Esa tierra nueva es conocida como Secundario.
Sus profes les deseamos un feliz
egreso.
¡Naveguen lejos! ¡Vuelen alto!
15-12-2023
Juan, Flor y Eli

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